Un viaje a la historia
Una comarca llena de vestigios.

De la Bicha de Balazote a Libisosa: un viaje por la arqueología
La Sierra de Alcaraz y el Campo de Montiel conservan un patrimonio arqueológico extraordinario, formado por poblados de la Edad del Bronce, santuarios y necrópolis ibéricas, villas romanas, antiguas vías de comunicación y fortalezas medievales.
Muchos de estos enclaves se encuentran próximos a la Vía Verde Sierra de Alcaraz y pueden formar parte de una experiencia turística que combine naturaleza, cicloturismo, historia, gastronomía y visitas culturales.
El recorrido puede comenzar en el Museo de Albacete, institución fundamental para comprender la riqueza arqueológica de la provincia. En sus salas se conservan numerosas piezas procedentes de esta comarca, entre ellas los mosaicos romanos de Balazote, el timiaterio de La Quéjola y el conocido León de Bienservida.
Balazote: la Bicha y una de las grandes villas romanas de Albacete
Balazote ocupa un lugar destacado dentro de la arqueología provincial por dos testimonios excepcionales separados por varios siglos de historia.
El primero es la célebre Bicha de Balazote, una escultura ibérica que representa un ser híbrido con cuerpo de toro y cabeza humana barbada. Fechada generalmente entre los siglos VI y V antes de Cristo, probablemente formó parte de un monumento funerario aristocrático.
La pieza original se conserva en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid, aunque su imagen continúa siendo uno de los grandes símbolos culturales de la provincia de Albacete.
Balazote también conserva los restos de una importante villa romana, conocida como Camino Viejo de las Sepulturas o Los Villares. Se trataba de una gran residencia rural perteneciente a una familia acomodada, dotada de estancias de representación, espacios termales y pavimentos decorados.
Sus mosaicos, conservados en el Museo de Albacete, muestran escenas relacionadas con el mar, los peces, las aves, el agua y diferentes motivos geométricos. Estas obras permiten conocer el nivel de riqueza alcanzado por determinadas élites rurales durante los últimos siglos del Imperio romano.
La Quéjola: un pequeño poblado ibérico con conexiones mediterráneas
En el término municipal de San Pedro se encuentra el yacimiento ibérico de La Quéjola, uno de los enclaves más singulares de la comarca.
Aunque no fue un gran poblado, su importancia arqueológica es excepcional. Las excavaciones descubrieron un edificio relacionado con una comunidad aristocrática que mantenía contactos comerciales con otros territorios mediterráneos.
Entre los objetos recuperados destaca el timiaterio de La Quéjola, un quemaperfumes de bronce rematado por una figura femenina. La pieza, actualmente expuesta en el Museo de Albacete, constituye uno de los testimonios más importantes de la cultura ibérica en Castilla-La Mancha.
San Pedro cuenta, además, con un centro de interpretación que permite acercarse a la historia del yacimiento y comprender cómo vivían estas comunidades hace más de 2.500 años.
Libisosa: la gran ciudad iberorromana de la comarca
A unos veinte kilómetros de la Vía Verde Sierra de Alcaraz se encuentra Libisosa, en Lezuza, uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de Castilla-La Mancha.
Su posición estratégica, sobre el Cerro del Castillo, permitió controlar durante siglos las comunicaciones entre la Meseta, el sureste peninsular, el alto Guadalquivir y el Campo de Montiel.
Antes de la llegada de Roma, Libisosa fue un importante poblado fortificado ibérico u oppidum. Tras la conquista romana se convirtió en la colonia Libisosa Foroaugustana, dotada de murallas, calles, viviendas, establecimientos comerciales y un amplio foro.
Uno de los aspectos que hacen excepcional al yacimiento es la conservación de numerosos objetos en el interior de sus edificios. La destrucción violenta de una parte de la ciudad durante las guerras civiles romanas provocó que armas, herramientas, cerámicas y utensilios cotidianos quedaran abandonados en el lugar donde estaban siendo utilizados.
Este fenómeno, conocido como “efecto sepultura”, ha permitido recuperar conjuntos arqueológicos de enorme valor científico.
Libisosa conserva restos ibéricos, romanos, medievales y modernos, pero solo una parte reducida de su superficie ha sido excavada. Su potencial arqueológico continúa siendo extraordinario.
La visita al parque arqueológico y al espacio museográfico de Lezuza constituye una de las mejores propuestas culturales para quienes recorren la Vía Verde o visitan la Sierra de Alcaraz y el Campo de Montiel.
Alcaraz: un territorio ocupado desde la Prehistoria
Alcaraz no fue únicamente una importante ciudad medieval y renacentista. Su término municipal conserva numerosos testimonios de ocupación anteriores.
En el entorno de El Santo y Los Batanes se han documentado restos prehistóricos, ibéricos y romanos. Las investigaciones apuntan a la existencia de un asentamiento relevante en altura, relacionado con diferentes núcleos rurales y con el aprovechamiento agrícola e hidráulico de los valles próximos.
También destaca el Pizorro del Indiano, considerado tradicionalmente una villa o asentamiento rural romano. De este lugar procede una inscripción funeraria dedicada a una mujer llamada Aelia Lasciva, testimonio directo de la población romanizada que habitó este territorio.
En La Potrera recientemente se han descubierto vestigios de una villa romana y se conserva la memoria del primer convento franciscano de Alcaraz, fundado durante el siglo XV antes de que la comunidad se trasladara al interior de la ciudad. La posible presencia de estos restos anteriores todavía necesita una investigación arqueológica más completa.
Estos enclaves, a los que se suma el castillo de la localidad, permiten entender Alcaraz como un territorio histórico formado por asentamientos en altura, explotaciones rurales, caminos y espacios vinculados al agua.
Villapalacios y el poblamiento romano del valle del Guadalmena
En las proximidades de Villapalacios se encuentra el yacimiento de Matasancho, también conocido como El Prao o Prao de Matasancho.
Los materiales localizados permiten relacionarlo con un asentamiento rural de época ibérica y romana situado en un espacio favorable para la agricultura y próximo a las rutas que comunicaban el Campo de Montiel con el alto Guadalimar.
Entre los hallazgos vinculados a Villapalacios destaca una estela funeraria romana conservada en el Museo de Albacete. Este tipo de pieza confirma la presencia de población romanizada y de áreas funerarias asociadas a los asentamientos rurales del territorio.
Aunque Matasancho no puede compararse en extensión y monumentalidad con Libisosa o la villa romana de Balazote, resulta fundamental para comprender cómo se organizaba el poblamiento rural romano en los valles del sur de la provincia.
Bienservida y el León de Huerta Bayonas
Bienservida está representada en el Museo de Albacete por una de las esculturas ibéricas más singulares de la provincia: el León de Bienservida.
La pieza procede del paraje de Huerta Bayonas y representa un león que mantiene entre sus patas una cabeza humana barbada. Probablemente formó parte de un monumento funerario perteneciente a una familia aristocrática.
En la cultura ibérica, el león podía actuar como protector de la tumba, símbolo de fuerza y representación del poder del difunto frente a la muerte.
La escultura demuestra la existencia de un foco funerario ibérico importante en el territorio de Bienservida. También se conocen otros enclaves romanos, como Cerro Vico y La Capellanía, que formarían parte de la red de explotaciones rurales situada en el corredor del Guadalmena.
El castillo de Peñas de San Pedro: tres mil años de historia
El castillo de Peñas de San Pedro es mucho más que una fortaleza medieval. Las campañas arqueológicas han confirmado una ocupación prolongada desde la Edad del Bronce hasta el siglo XIX.
Antes de convertirse en castillo, la peña acogió un asentamiento ibérico fortificado desde el que se controlaban las tierras agrícolas, los caminos de la llanura y los accesos hacia la Sierra de Alcaraz.
Durante la Edad Media, el lugar se transformó en una importante fortaleza islámica y posteriormente cristiana. En la plataforma superior existieron viviendas, murallas, aljibes, almacenes y espacios militares.
Su larga secuencia histórica convierte a la Peña del Castillo en uno de los enclaves arqueológicos más completos de la provincia.
Munera: un territorio de morras y caminos antiguos
Munera conserva una elevada concentración de yacimientos, especialmente de la Edad del Bronce.
El enclave más conocido es la Morra del Quintanar, un poblado fortificado levantado junto al río Quintanar. Su posición permitía controlar el agua, los campos agrícolas y los caminos del entorno.
También destaca el conjunto de Hondero-Lechina, donde se han identificado restos de murallas, construcciones, cerámicas y posibles áreas funerarias.
Otros enclaves, como el Cerro de los Morteros, la Morra de San Telmo, el Cuarto del Rulo o Los Casares, muestran la intensa ocupación de este territorio desde la Prehistoria hasta la Edad Media.
Munera estuvo además atravesada por antiguas rutas que comunicaban Libisosa con la llanura manchega, reforzando su papel como espacio de paso y poblamiento.
Otros vestigios de la comarca
La riqueza arqueológica de las Cuatro Cuencas no termina en los grandes yacimientos.
En Viveros, el Morro del Ojuelo conserva indicios de ocupación de la Edad del Bronce, junto con otros restos ibéricos, romanos y medievales todavía poco estudiados.
En El Ballestero, el yacimiento de El Ojuelo corresponde a una necrópolis ibérica en la que aparecieron enterramientos y ajuares funerarios. Por el municipio discurre también el denominado Camino de Aníbal, una antigua ruta relacionada con las comunicaciones entre Libisosa y el Campo de Montiel.
En el entorno de Peñas de San Pedro,Viveros, Lezuza, Alcaraz, Villapalacios y Bienservida existen igualmente pequeños asentamientos rurales, necrópolis, caminos y explotaciones agrícolas que permiten reconstruir una extensa red histórica.
Un patrimonio que merece ser conocido
La Bicha de Balazote, los mosaicos romanos, el timiaterio de La Quéjola, Libisosa y el León de Bienservida son las piezas y enclaves más reconocidos de este recorrido.
Sin embargo, su verdadero valor aumenta cuando se contemplan junto a las morras de Munera, los restos de Alcaraz, Matasancho, El Ojuelo, el castillo de Peñas de San Pedro y los demás vestigios repartidos por la comarca.
Todos ellos forman parte de una misma historia: la de un territorio atravesado durante milenios por caminos, intercambios, culturas y comunidades humanas.
Visitar Libisosa, recorrer la Vía Verde y detenerse en los museos y pueblos de las 4Cuencas es una forma diferente de viajar. Un viaje pausado por el paisaje, pero también por más de tres mil años de historia.
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