Por Diego Villalobos
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27 de abril de 2026
LOS MAYOS: LA VOZ ANTIGUA DE LA SIERRA DE ALCARAZ Y EL CAMPO DE MONTIEL Cada 30 de abril, cuando abril se despide y mayo entra “florido y feliz”, nuestros pueblos vuelven a escuchar una de las tradiciones más profundas de nuestra tierra: el canto de los Mayos. En la Sierra de Alcaraz y el Campo de Montiel, los Mayos no son solo una costumbre. Son memoria colectiva, identidad y herencia viva. En Alcaraz, Bienservida, Villapalacios, Vianos, Peñascosa, El Ballestero,Munera, Villaverde de Guadalimar, Cotillas y muchos otros pueblos, esta celebración ha unido durante siglos la llegada de la primavera con la devoción, la convivencia y el sentir del pueblo. Se trata, como bien definió el investigador Alejandro Faustino Idáñez de Aguilar, de "ritos del despertar de la vida”. Mayo simboliza el renacer de la naturaleza, la esperanza de buenas cosechas, el florecer del campo y también el despertar del sentimiento humano. Pero esta tradición no surge de la nada. Nuestra comarca ha sido históricamente un territorio de paso. Por aquí discurría el Camino de Aníbal, una de las grandes rutas antiguas que conectaba el Levante con el interior peninsular, atravesando enclaves como Mentesa —actual Villanueva de la Fuente— o Libisosa —Lezuza—. Por estos caminos circularon pueblos, culturas, creencias y formas de entender el mundo. Los Mayos son, en parte, herederos de ese cruce de civilizaciones. LAS CRUCES Y LOS ALTARES: EL CORAZÓN DE LA TRADICIÓN Los Mayos no se entienden sin las Cruces de Mayo y sus altares. En nuestros pueblos, la cruz no aparece desnuda: se viste, se adorna y se convierte en altar. En casas, patios o plazas se crean pequeños espacios llenos de simbolismo, donde cada familia o vecindario expresa su devoción y su identidad. Flores, mantones, velas, macetas y objetos cotidianos transforman la cruz en un lugar vivo. Cada altar es distinto, pero todos comparten el mismo significado: celebrar la vida que renace con la primavera. Estos espacios eran también centros de convivencia: * Se visitaban unos a otros * Se cantaban los Mayos en cada cruz * Se compartían dulces, bebida y conversación La cruz, muchas veces adornada con elementos vegetales, conserva así el eco de antiguos ritos agrarios. No es solo un símbolo religioso: es también un símbolo de fertilidad, de protección y de renovación. UNA TRADICIÓN VIVA EN TODA LA COMARCA Aunque el núcleo más fuerte se sitúa en la Sierra de Alcaraz, la tradición se extiende por todo el entorno con distintas formas. En Peñas de San Pedro, los Mayos formaron parte de la tradición antigua y han sido recuperados en los últimos años, devolviendo al pueblo una de sus señas culturales. En Balazote, los Mayos siguen vinculados a la Virgen y a la Cruz de Mayo, integrados en el calendario festivo y acompañados de música y participación popular. Estos ejemplos muestran cómo la tradición ha sabido adaptarse: * En unos lugares se ha mantenido como Alcaraz donde tambien se realiza "el rezo" una antigua tradición que reune a la Asociación de Mujeres y que antes reunía a las mozas de la localidad. * En otros se ha recuperado * Pero en todos sigue teniendo valor identitario como en Munera que además de cantarlo a la Virgen de la Luz se dirigen a "Mozas Casaderas" Con el paso del tiempo, el antiguo mayo de la naturaleza se transformó en canto a la Virgen y a la Cruz. El árbol dio paso a la cruz, las flores al altar, y el canto amoroso a la devoción. Sin embargo, el sentido profundo permanece intacto: celebrar que la vida vuelve cada primavera. Hoy, los Mayos siguen siendo un patrimonio vivo. No pertenecen solo al pasado: forman parte de quienes somos. Son un vínculo entre generaciones, una forma de entender el mundo rural y una expresión de la riqueza cultural de nuestra tierra. Porque cuando suenan los Mayos, no canta solo una voz. Canta la memoria de nuestros pueblos. Estamos a treinta del cumplido abril; mañana entra mayo, florido y feliz.